martes, 29 de abril de 2014

Galletas Caseras



En mi búsqueda por encontrar recetas con sabores de “siempre” esta vez le ha tocado a la galleta de toda la vida. No cookie, nuestras galletas, que sirven para hacerse un puré con el cacao para el desayuno o para untarlas con un poco de mantequilla en la merienda… ese  sabor que ya no tienen las galletas, ya las compres de marca blanca o de marca conocida.  Y sin darme cuenta tenía la receta delante de mí y no había caído.

Puede parecer una receta simple y común, pero la galleta ha sido y es una gran aliada de nuestras vidas. Quien no las ha comido de pequeño y de grande.

Esta vez han sido para acompañar a un refrescante Lemon Curd  casero, cuya receta ya fue una de las primeras entradas de este blog, con esta crema de limón o solas han sido una receta sorpresa.
Un dato importante para su elaboración: deben tostarte para completar su sabor junto a la vainilla y su textura de capas como si fueran un hojaldre.
Aquí va la última entrada de este mes de abril, espero que os guste y os lleve a tantos recuerdos como a mí.






Galletas caseras 

Ingredientes

  • 125 grs. de azúcar blanca
  • 450 grs. de harina de trigo
  • 125 grs. de mantequilla
  • Vainilla en polvo
  • Levadura seca
  • 1 cucharada sopera de leche
  • 2 huevos
  • 1 pizca de sal



Elaboración 

Tomamos el azúcar y lo mezclamos con la mantequilla que debe estar derretida, lo mejor será con unas varillas manuales. Luego se le incorpora los huevos, uno a uno, se sigue removiendo y se vierte la vainilla, ser generosos porque el aroma en estas galletas es importante.




Después añadiremos la leche y por último la harina con la levadura y la sal. Ya con las manos se trabaja hasta conseguir una masa suelta y homogénea. Entonces se deja reposar en la nevera durante dos horas.

Pasado el tiempo se estira la masa con la ayuda de un rodillo hasta conseguir una plancha de unos 3 centímetros de grosor. Con un corta pasta se hacen las galletas y se ponen sobre la bandeja del horno y su papel vegetal.

Se precalienta el horno a 220ºC arriba y abajo, en él estarán al menos 20 minutos o hasta que veáis que tienen ya un tono tostado.
Sacar y dejar enfriar en una rejilla para que eliminen la humedad y se pongan crujientes.









jueves, 17 de abril de 2014

Rosquillas de mi Abuela



Receta de Semana Santa, familiar y especial donde las haya; a la receta que hoy presento le tengo un especial cariño y recuerdo, el de mi abuela trayendo a casa su caja de rosquillas caseras, era blanca por fuera y dorada por dentro. Cuando llegaba y decía: “Os he traído rosquillas” todos en casa nos poníamos felices, su sabor a limón, su color tostado y su forma tan perfecta… todo eran alabanzas a esta tradicional receta. 

Mi abuela paterna fue una gran cocinera, sobre todo recuerdo platos muy finos y no muy típicos para su época. Ella aprendió de su madre, que fue cocinera de un médico en Alcázar de San Juan a finales del siglo XIX. Siempre que llegaba Navidad o cuando los “miércoles” íbamos a comer a su casa nos preguntaba que íbamos a querer comer: “Huevos Villaroy, tus sándwich vegetales, croquetas, empanadillas, leche frita, rosquillas…imposible enumerar todas las recetas que preparaba” y ella nos lo hacía. Siempre le gustó las delicatesen y nos enseñó a degustarlas; de ella también recuerdo los naranjines o los troncos de leña para Navidad. Ella es otro apoyo, otra consejera más cuando entro en la cocina y me dispongo a realizar algún plato. Sé que hubiera disfrutado mucho con las recetas que aquí he ido presentando.

Estos sabores ya no los encuentras en tiendas, sólo en abuelas y madres, y yo quiero agradecer a mi madre que años antes de que mi abuela muriera le pidiera la receta, puesto que así ahora podrá pasar a las siguientes generaciones, sino sólo nos quedaríamos con el recuerdo.


Yo hablo de mi abuela paterna porque es el recuerdo que tengo, pero mi madre dice de su abuela materna la misma canción. Ella recuerda que cuando en su casa se hacían rosquillas las hacían en grandes cantidades, de hecho esta vez hemos hecho bastantes, nos salieron en total 65 unidades y al repartirlas por la familia todos han dicho lo mismo: Mmmm como las que hacía mi abuela!!! Será cosa de abuelas darle ese amor y ese sabor… que no se puede describir porque se te mezcla tanto con los recuerdos y las emociones que hasta se te saltan las lágrimas.

Las rosquillas son de esas recetas que es mejor hacerlas entre dos personas, sobretodo la parte de freírlas, mientras una está en la sartén, la otra se encarga de darle la forma. También es importante ser generoso con el aceite y cambiarle a menudo para que no distorsione su sabor y no queden grasientas.

Cuando las hacíamos, era como una “reunión” con las abuelas de la familia, todas allí con sus mandiles y opinando sobre cuánto azúcar echar y hasta qué punto dorarlas. Toda una experiencia y regresión a la infancia.

Gracias abuelas del mundo y sobre todo a las de mi familia, por trasmitir, apoyar y endulzarnos la vida!!!

Rosquillas de mi Abuela

Ingredientes
  • 3 huevos
  • 3 tacitas de las de café de leche
  • 3 tacitas de las de café de aceite aromatizado de naranja
  • 6 tacitas de las de café de azúcar
  • 1 chorro de anís
  • Raspadura de 2 limones y medio
  • 3 sobres de armisen
  • La harina la que pida

Elaboración 

Lo primero será freír una cáscara de naranja en el aceite para aromatizarlo, ponemos en la sartén la medida de aceite con la cáscara. Cuando ya está dorada se retira del fuego y se deja enfriar.

En un balde grande se echan los huevos, la leche y el azúcar, se bate con un tenedor y se añade el aceite ya frío, el anís y la raspadura de limón. Se bate todo y por último la harina y los sobres de armisen, estas recetas siempre se dice “la harina que admita”, porque la masa lo indica. 



Cuando ya incorporas los ingredientes secos se empieza amasar con las manos, yo siempre utilizo sólo una, lo aprendí de un cocinero y de esta manera puedes tenerla otra mano limpia para lo que se necesite. La masa tiene que quedar homogénea y que no se pegue ni a los dedos ni al recipiente.
Ya toca dejar reposarla un rato y empezar a calentar una sartén con abundante aceite de oliva.

Para hacerles la forma lo tradicional era tomar un poco de la masa y hacer un churro largo frotándolo entre ambas manos, que luego era unido por las extremidades, si que tengo que decir que aquí puse mi granito y la receta evolucionó. Tomaba un poco de la masa haciendo primero una bola con ella, luego aplastaba levemente y con un dedo le practicaba un agujero en medio, dejaba la rosquilla en el anular derecho y con la mano izquierda le iba dando vueltas y perfeccionando la forma, sé que es difícil de explicar con palabras, pero en la práctica resulta muy sencillo y sé que no se me olvidará la técnica que simplemente “recordé”.

Vamos echando las rosquillas según el tamaño de la sartén y con una pinza o tenedor las vamos volteando para que se doren por ambos lados. El aceite tiene que estar bien caliente, pero sin llegar a humear. 

Según su color y el gusto de cada uno nos irán indicando cuando sacarlas; escurriéndolas muy bien, a la vez la otra persona va añadiendo nuevas rosquillas al aceite, por eso os decía que es mejor entre dos. Pero si no es posible, no os privéis de este manjar, puesto que muchas ya las hemos hecho ya también solas.

Tomar una con los dedos, morderla, cerrar los ojos y deleitarse, es mi última indicación.

jueves, 10 de abril de 2014

Bollitos de Cabello de Ángel


Aquí estamos de nuevo con otra receta de Xavier Barriga, a este paso me voy hacer fan total de su libro, lo que más me gusta es que es profesional pero no lo hace difícil, sólo se necesita tiempo y buenos ingredientes.

Además de esta receta lo que destaco es su diseño, muy sencillo de hacer y supervistoso, de hecho lo he pensado ya para otras recetas.

Ya a las puertas de la Semana Santa con sus dulces típicos quiero presentar este bollo que tiene como ingrediente principal el cabello de ángel o dulce de calabaza, como se denomina en algunos lugares. Este es un producto de pastelería tradicional y costumbrista, así que también encaja en esta época de torrijas, monas y arroz con leche.

No es la primera vez que  lo utilizo, de hecho la primera receta de este blog: cortadillos de cidra lo llevan y también la bayonesa, justo dos recetas que tengo muy asociadas a mi padre, pufff seguro que esta receta también le encantaría, me le imagino comiéndoselos “doblaos” con un vaso de leche fresquita. Así es como te gusta recordar a tus seres queridos: disfrutando de la vida!!!


Bollitos de Cabello de Ángel

Ingredientes
  • 500 gr. de harina de fuerza
  • 10 gr.  de sal
  • 100  gr. de azúcar blanca
  • 3 huevos
  • 100 gr. de mantequilla
  • 40 gr. de levadura
  • 130  gr. de agua
  • Ralladura de ½ limón
  • Ralladura de ½ naranja
  • 1 bote de cabello de ángel
  • 1 huevo (para barnizar)

Elaboración

Se mezclan en un bol la harina, la sal, el azúcar, los huevos batidos, las ralladuras y la mitad del agua, preferiblemente con una amasadora, porque al principio cuesta, pero con las manos también se puede hacer. A la mitad del amasado se incorpora la mantequilla fría. Se sigue amasando y ya cuando la masa es blanda se incorpora la levadura disuelta en el resto de agua semi templada.





 La masa tiene que quedar suelta y elástica, ahora se coloca en la fuente engrasada en con un poco de aceite y se deja una hora reposar en la nevera.

Pasado ese tiempo se le saca el aire y se divide en porciones  del tamaño de una mandarina y se vuelve a dejar que repose durante 30 minutos en la nevera.

Pasado ese tiempo se estira la masa creando un óvalo de unos 15 centímetros de largo, como veis en la foto se coloca a un lado un poco de relleno y justo en el lado contrario se le practican unos cortes que será lo que le dé la forma. Se enrolla sobre sí mismo en dirección a esos cortes y se sellan con los dedos los extremos para que el relleno no se salga.

Se colocan sobre la bandeja con el papel vegetal de hornear, se pincelan con el huevo y se dejan fermentar otra hora y media. Se precalienta el horno y cuando ha pasado este último periodo de reposo, se vuelve a barnizar y se introducen al horno a  220ºC durante 8 minutos, el tiempo justo para que se doren  y se hagan por dentro.

Ya sólo queda enfriar y degustar.