miércoles, 31 de julio de 2013

Tarta de Crema Catalana


 ¿Quién iba a decirme a mí que celebraría mi cumpleaños con una tarta de Crema Catalana?

Pues sí, aquí estamos un 31 de Julio más para celebrarlo y lo hago con una receta donde el caramelo es el ingrediente protagonista. Hace unos años hubiera sido impensable, no me gustaba el caramelo. Y es que entre otras cosas cuando vas cumpliendo años, tu paladar amplía el abanico de sabores favoritos y se sabe apreciar un buen aroma y sabor.

Ni el caramelo, ni el queso ni el coco hubieran sido ingredientes para mi perfecta tarta de cumpleaños. Pero los tiempos cambian, siempre para mejor, aunque en algunos momentos nos cueste ver la puerta de salida.

Los días de cumpleaños siempre remueven emocionalmente, son días especiales y delicados, de hecho en algunas culturas oreintales no se dice que es el cumpleaños de uno hasta que no ha pasado la fecha. Son días en los que inevitablemente haces repaso de los últimos 12 meses, donde estuviste la última vez y con quien lo celebraste. El año pasado me regalé un buen día de aniversario alejada del mundanal ruido, en pleno campo, pero este año toca estar en la ciudad, ir a la oficina, recibir felicitaciones y sobretodo celebrarlo con los míos, que siempre es un placer.

¿Mi deseo para este año? Mmmm ilusión y confianza, dos aspectos que en estos momentos nos es más difícil encontrar y es nuestra tarea hacerlos nuestros. Estos días observándome he llegado a una conclusión: la felicidad es la tranquilidad que una tiene cuando está en un bache (por llamarlo de alguna manera) de su vida y una voz muy serena dentro de sí confirma que todo es pasajero, esa ahora mismo es mi felicidad.

El 31-07-13 cumplo 31. Nunca se volverá a repetir tanta magia con los números: cumplo el mismo número del día y el año es el mismo número pero al revés, esto sólo puede significar una cosa: algo especial, seguro!!! Esta fue la conclusión que saqué hablando hace unas semanas con un amigo especial, de esos con los que no hablas todas las semanas o todos los meses, pero de repente aparece, esta ahí y te dice las palabras que necesitas.

Las señales están para verlas, seguirlas y disfrutar averiguándolas, no sé que me traerá este 31 cumpleaños, os lo diré en 365 días!!!

Y ¿Sobre la crema catalana? Un dulce típico y rico que ni Amélie podía resistirse a no romper su característica cobertura de cristal ahumado.


Tarta de Crema Catalana

Ingredientes para la masa

  • 375 grs. de harina de trigo
  • 180 grs. de mantequilla fría
  • 1 pizca de sal
  • Agua fría
Ingredientes para la crema
  • 1 litro de leche
  • Vainilla en polvo
  • 3 yemas de huevo
  • 1 vaso de los de agua de azúcar blanca
  • 3 cucharadas soperas de harina

Ingredientes para la cobertura
  • Azúcar blanca

Elaboración

Lo primero será hacer la masa para que repose mientras realizamos el resto de la tarta. En un recipiente hondo se echa la harina, la sal y la mantequilla fría a dados. Con la mano se debe desmenuzar e intentar mezclar, como son dos ingredientes secos no llegarán a unirse, se convertirá en una especia de migas de pan húmedas, en ese momento añadir agua bien fría, debéis hacerlo poco a poco, con pequeños chorritos, porque la masa no necesita mucha cantidad. Una vez bien trabajada, podréis hacer una bola con tono amarillo y nada pegajosa, perfecta, la envolvéis en film transparente y a la nevera para que repose.

Mientras en un cazo vertéis el litro de leche menos una taza que lo apartaréis para mezclar la harina. En ese cazo además echáis,el azúcar, las tres yemas y la vainilla. Con unas varillas eléctricas le dais un golpe de aire para que quede bien esponjosa la crema, encendéis el fuego y calentáis sin dejar de remover con una cuchara de madera. Una de mis bisabuelas decía que siempre hacía el mismo lado.

En la taza de leche que habéis reservado se echa la harina y mezcla bien  para evitar grumos. Cuando la leche del cazo está caliente y a punto de ebullición, sin dejar de remover se vierte despacio la harina diluída. Ya están todos los ingredientes, ahora sin parar de darle vueltas dejar que hierva durante 3-4 minutos y veréis que la textura cambia creándose una especie de natilla de color claro. Ya se puede apagar y dejar enfriar.

En el molde donde se vaya a hornear y previamente engrasado con un poco de mantequilla se pone la masa quebrada que ya hemos trabajado con un rodillo, se ha estirado y dado la forma del recipiente. Se vierte encima la crema y se lleva al horno precalentado con el fuego abajo a 180ºC durante unos 40 minutos, en los últimos 10 minutos podéis darle calor también arriba. No es un tarta que se dore mucho, simplemente se nota que la masa ya está cuajada, se saca del horno y se deja enfriar entre 12-24 horas.

Ya sólo queda hacerle su rica cobertura, si queréis que tenga un buen craquelado al tomarla, recomiendo hacer el caramelo poco tiempo antes de su consumición, pero también es verdad que según pasa el tiempo y el caramelo se licua adquiere un sabor cada vez más rico.

Yo lo he hecho con soplete de cocina, también sé que hay quemadores eléctricos o más artesanales, ahí cada uno como se sienta a gusto y tenga por casa. Mi recomendación es no echar todo el azúcar de golpe, porque se va a humedecer y dificultará su caramelización, ir echándolo por zonas e ir haciendo la corteza sin llegar a quemarlo demasiado.

Ya sólo falta en mi caso soplar la velas y agradecer que estéis detrás de vuestras pantallas.

Ahh! Por cierto, hecho el cierre momentáneamente y me tomo unas vacaciones, volveré en unas semanas con muchas más recetas e historias que contar.

FELIZ VERANO A TODAS Y TODOS

jueves, 25 de julio de 2013

Aloja


Aloja es una bebida con historia y de la historia, ya que en España desde mediados del siglo XIX no existe, pero gracias a la magia de Internet y al deseo irrefrenable de las personas por transmitir el conocimiento antiguo que de otra forma se hubiera perdido, esta curiosa receta ha llegado a mis manos.

Hace unas semanas viajando por twitter llegó a mí la primera referencia de esta bebida, me picó la curiosidad y  cuando tuve un poco de tiempo seguí investigando, encontré información muy interesante, (parte de ella la publiqué la semana pasada en mi página de facebook).

Como tenía todos los ingredientes en casa y este fin de semana ha sido caluroso, ¡Qué estamos en plena canícula! Me aventuré a realizarlo ¿El sabor? Agradable y sabiendo que es un gusto antiguo y que los paladares cambian totalmente con el tiempo, siendo de otra época donde el agua y el vino eran las bebidas más comunes, ni siquiera la cerveza había llegado a España, sería Carlos V quien la introdujera siglos después. En principio no es una bebida alcohólica, aunque en algunas referencias sí hablen de su fermentación o mezcla con el vino.

Por las fuentes que he encontrado, que más abajo haré referencia, dice que era una bebida introducida en la península por los sarracenos en tiempos la reconquista y que fue adoptada por los cristianos por su beneficioso efecto ante los rigores del clima y algunas enfermedades del momento. Dentro de los campamentos una tienda con bandera blanca y una franja roja indicaba que ahí se vendía la aloja, dicho emblema quedó impreso a la bebida porque hasta sus últimos días era el símbolo que se colocaba en la puerta de las alojerías, el nombre que tomó el lugar donde se elaboraba y consumía.

Si seguimos avanzando por la historia hay escritos que marcan como en 1640 se creó el gremio de alojeros y que en tiempos de la esposa de Felipe IV, Mariana de Austria, en 1647 se consumían sólo en palacio más de 250 maravedíes en este brebaje al día.

Calderón de la Barca, Quevedo  y Moratín la citan en sus escritos y en el corral de comedias, mientras las obras de Lope de Vega entretenían a la gente, la aloja era la bebida estrella.

No puedo continuar escribiendo sin preguntarme ¿Cómo una bebida tan famosa y trascendental desapareció hasta olvidarse casi por completo?

Por suerte se conserva un documento de 1656 “Tratado del vino aguado y agua envinada, sobre el aforismo 56 de la sección 7 de Hipócrates” de Jerónimo Pardo, donde viene una de las recetas. Hay que decir que cada alojero tenía su fórmula y ésta era secreta, algunas eran fermentadas y otras solo un agua especiada. Transcribo la imagen:

"Agua de río 30 libras, levadura antigua 4 onzas, miel muy buena 3 libras, polvos de jengibre y pimienta longa de cada uno media onza,  canela 3 dracmas, clavo dracma y media, nuez de especia una dracma”.

Otra receta que circula por la red y es la que he seguido: “Para una cántara (16 litros), 15 litros de agua, media libra de levadura, 4 libras de buena miel y media libra de especias repartidas en una parte de jengibre, por una parte de pimienta blanca, por dos partes de canela, una de clavo y otra de nuez”.

Si llegamos hasta los siglos XVIII y XIX veremos su mayor auge y su extinción, como dejó reflejado Don Dionisio Chaulié en su artículo periodístico “Recuerdos de un contemporáneo” en la revista madrileña Revista Contemporánea el 30 de Octubre de 1881: “Las alojerías, de antiquísimo origen que han desaparecido por completo hace bastantes años. En 1830 sólo quedaban 4 en todo Madrid. Dos en la calle Toledo, una en la de la Montera y otra en la Puerta del Sol. Servido invariablemente en enormes tazones de vidrio con dos asas”.

Pero antes de llegar a este punto de la historia se hizo hasta una ley que restringía las alojerias, una por cada tres portales, (de esta forma nos damos cuenta de su popularidad).

Para que se sirviera bien fría  se utilizaba nieve que bajaban los neveros con sus mulas desde la sierra  de Guadarrama y se conservaba en los Pozos de Nieve, que estaban por la zona de la glorieta de Bilbao. Así se acentuaba su sabor y su carácter refrescante.

Y con esta información llegaríamos hasta su declive donde las aguas de anís, hinojo, romero, horchatas y granizados hicieron que la Aloja perdiera fama y acabara siendo olvidada. Aún en países de Latinoamérica se consume, pero la receta ha experimentado variaciones.

Yo este fin de semana he vuelto a las raíces, he viajado mínimo hasta el siglo XIX y me imaginado cómo sabría esta bebida y cómo la disfrutarían mis antepasados. La verdad es que me ha gustado y la tendré a menudo en la nevera.

Aloja

Ingredientes
(Las cantidades las he adaptado a las medidas actuales, ayudándome de la intuición).
  • 1 litro de agua
  • 4 cucharadas soperas de miel (unos 130 grs.)
  • Mezcla de especias todas molidas, en la siguiente proporción:
  • 1 de jengibre
  • 2 de canela
  • 1 de pimienta blanca
  • 1 de clavo
  • 1 de nuez moscada
Elaboración

En un pequeño recipiente se coloca la proporción de las especias, sabiendo que se podrá añadir más si al probarlo nos resulta soso, la medida que seguí era la punta de una cucharita de las de moka, no llegando el total a 10 gramos.

En una jara se vierte la miel y con un poco de agua se bate ligeramente, se añade el resto de agua y las especias. Con unas barillas eléctricas se emulsiona hasta llegar a crear una espuma blanca, como véis en la fotografía se podría confundir con la ya mencionada cerveza.

Se corrige de sabor según os gusten los sabores suaves  o fuertes. Para que tome más espíritu dejarlo al menos un día en la nevera y al servirlo lo podéis hacer con hielo.



Bibliografía:
www.secretosdemadrid.es
actualidadliteratura.com
antiguoscafesdemadrid.blogspot.com
blogs.elnortedecastilla.es
www.boloncol.com
cristoballopezdelamanzanaraescritor.blogspot.com
tallerdevivencias.blogspot.com

jueves, 18 de julio de 2013

Murcianitos


 
Llega el verano y con él los recuerdos de las vacaciones de la infancia, principalmente se centran en un pequeño pueblo costero, que luego tuvo mucho boom en la provincia de Alicante. De esos veranos además de aventuras y mucho mar recuerdo los dulces que de allí nos encantaban a toda la familia: las monas y los murcianitos.


Las monas aunque eran más de la época de Semana Santa siempre las encargábamos antes de venir para Madrid, qué sabor!!!! Os puedo decir que no las había vuelto a probar tan ricas hasta que no las hice el pasado Marzo  Mona de Pascua, puede sonar exagerado pero esos sabores tan clásicos sabéis que ahora son difíciles de encontrar.
El otro dulce que nos volvía locos a todos eran los murcianitos, por lo menos allí se llamaban así, buscando por internet no todo el mundo lo llama de igual manera, pero yo seré fiel a mis recuerdos y no le cambiaré el nombre. Hará unos tres o cuatro años intenté hacer esta receta pero el resultado, aunque fue bueno y rico no tenía el sabor añorado. Hace unas semanas en otro intento de buscar una receta auténtica encontré ésta. De las que me gustan: recetas familiares y con amor!!!! Por lo que el autor del blog ponía en la entrada la receta era de su madre, os dejo el enlace por si queréis ir a la fuente:
Realizar la receta y luego comerlos fue una auténtica regresión a la infancia, ahora con el calor no pongo mucho el horno, pero sé que será una de las recetas que repetiré más de una vez. Se que hay muchos bollos que van rellenos de cabello de ángel, pero cada uno tiene un toque: canela, almendras... éste no lleva ninguno de esos ingredientes y tal vez por eso da más protagonismo a la masa y al dulce de calabaza en estado puro. Si sois fans de los bollos de pueblo no puede faltar en vuestra lista de catas este dulce espectacular.
Gracias Fermín por compartir la receta de tu madre, lo hemos disfrutado mucho, ya que hacía tiempo que no los comíamos con este sabor tan auténtico.
 
Murcianitos
Ingredientes
  • 750 grs. de harina de trigo
  • 300 grs. de manteca de cerdo
  • 200 grs. de azúcar blanca
  • ½ vaso de los de agua de mistela (en mi caso moscatel porque no tenía mistela)
  • Ralladura de un limón
  • 1 bote de cabello de ángel
  • 1 cucharadita rasa de las de moka  de bicarbonato
  • 1 huevo para barnizar
Elaboración
En un recipiente grande y hondo echamos el azúcar, la manteca (a temperatura ambiente para trabajarla mejor) y la ralladura del limón. Con la mano y un tenedor mezclamos los ingredientes hasta conseguir una pasta uniforme y cremosa.
En un segundo paso incorporamos la harina con el bicarbonato y la mistela, ya con las manos amasamos bien para mezclarlo todo, se deja reposar unos 15-20 minutos en la nevera siempre que haga mucho calor, no se nos vaya a volver la masa pegajosa.
Pasado ese tiempo con un rodillo estiramos la masa debe quedar fina, no más de un 1 centímetro de grosor,  ahora se hacen discos con un corta pastas, los que yo recuerdo son dentados por eso utilicé un molde así, pero si no tenéis en casa, con una vaso también podéis hacerlo.
Cada Murcianito llevará dos unidades o discos,  uno será la base y el otro la tapadera que cubrirá el cabello.
Se colocan en la bandeja del horno sobre un papel vegetal, primero la base, después se incorpora con una cucharita el cabello de ángel en el centro y por último se tapa con la otra parte de masa, hay que sellar los bordes para que el relleno no se salga durante la cocción, al final parecen platillo volantes, jejejee. Con un pincel se les unta bien de huevo batido, hay que ser generosos porque la masa absorbe mucho el huevo, yo recomiendo dar varias pasadas, así el brillo será más fuerte.
En el horno ya precalentado, introducir la bandeja durante unos 15-20 minutos a 200ºC. Cuando ya estén dorados y los hayáis sacado del horno, es preferible dejarlos enfriar sobre una rejilla para que pierdan el exceso de humedad que puedan tener.
Se conservan muy bien en un recipiente hermético y van bien para el desayuno, postre, merienda... cualquier ocasión es perfecta para saborear un buen Murcianito!!!!

jueves, 11 de julio de 2013

Buñuelos de Plátano




Aquí estoy de nuevo, tras unas semanas sin publicar que no sin cocinar!!! Presentándoos una receta espontánea que ha ayudado a “reciclar” unos ingredientes que estaban en mi cocina: unos plátanos muy maduros y pan duro ¿qué podemos hacer? Tal y como decía la abuela de una tía mía: “Para aprovechar estos ajitos, vamos a guisar un conejito” y eso hicimos.

Además de poder aprovechar dichos ingredientes  resulta ser una receta muy buena para esta época de calor, pues una vez hecha aguanta perfectamente en la nevera durante varios días en un recipiente hermético, es baratita, divertida y en  algunos pasos os pueden echar una manilla esos enanos que ahora mismo no tienen clase. Y más tarde puede convertirse en su merienda favorita, porque además de ser casera es exquisita.

Dentro de la cocina el saber “reciclar” es un forma de convertirnos en alquimistas,  un don que hay que desarrollar, se trata de confianza en una misma, de continuar a pesar de que una receta no haya resultado como esperabas. Nunca sabes cuál va a ser dicho resultado, al igual que sabes que nunca le podrás volver a dar ese mismo sabor, por ello esta receta no llevará pesos exactos, dependerá de vuestra destreza para darle un toque personal.

Son este tipo de elaboraciones las que me inspiran y proporcionan esa fuerza para ponerte el delantal, respirar y disfrutar de lo que haces. Con estas semanas de medio parón por cuestiones laborales había disminuido esa esencia, y el simple hecho de derretir chocolate con nata durante este fin de semana hizo que me reconectara. La cocina es una de mis formas de meditación.
Si llegas a ese punto de centramiento la creación surgirá sola, parece que los ingredientes te llaman “Eh! Ponme a mí”. ¡Puede sonar exagerado pero experimentarlo y disfrutar es todo uno!
 Y ahora, redactando esta receta desde el parque, bajo los pinos y rodeada de lagos y buenas praderas que aportan ese fresquito que tanto nos gusta, pasamos a los ingredientes.
Encantada de volver por aquí!!!
 
Buñuelos de plátano

Ingredientes:
  • 4 o 5 plátanos maduritos
  • 1 barra de pan
  • 3 huevos
  • ½ vaso de los de vino de leche
  • 2 cucharadas soperas de azúcar
  • 1 toque de vainilla en polvo
  • Canela y azúcar blanca para rebozar
  • Aceite de oliva suave para freír

Elaboración
En una fuente honda  echamos los plátanos pelados y troceados, con los huevos, la leche, la vainilla y el azúcar. Se tritura con la batidora hasta dejar una masa tipo gachuela. El segundo paso será partir el pan en pedacitos y añadirlo, habrá que dejarlo esponjar unos 20 minutos.
Pasado ese tiempo se tritura, quedando una masa homogénea y ya con una textura más consistente al haberle añadido el pan.
En una sartén calentamos el aceite y en un plato hondo mezclamos la canela y el azúcar para el último toque. Con una cuchara grande vamos echando en la sartén pequeñas porciones y las vamos friendo por ambos lados, dándole vueltas.

Cuando están los buñuelos dorados, los escurrimos y rebozamos con el azúcar y la canela. Se van colocando en una fuente para que se enfríen, aunque hacedme un favor y probarlos ahora mismo ya que es muy difícil resistirse al aroma que desprenden.